El primer Santuario, su origen


«No fondo d-unha leda carballeira
fuxitiva do sol abrasador,
Seivos eu d-unha ermida que a súa veira
agarima e da sombra unha roseira
na que puxo seu niño un reiseñor»

(R. Cabanillas. Obra completa, pág. 89)

El prodigio hecho por la Santísima Virgen en favor de Sebastián de Castro fue la primera señal de que la Madre del Redentor estaba dispuesta, desde Amil, a ser la gran favorecedora de los miles y miles de devotos que a Ella aquí acudiesen en súplica y resolución de todas las dificultades espirituales y temporales.

Así las cosas, inmediatamente después del milagroso suceso, empezaron a concurrir los devotos al lugar de Roza Vella, entregando sus limosnas que recogía Sebastián de Castro, el cual deseaba ardientemente levantar allí una modesta ermita en honor de la Santísima Virgen que él llamó de los Milagros. Dios, que todo suavemente lo prepara y dispone desde mucho antes que las cosas sucedan, con el fin de que éstas se realicen según sus deseos, puso al frente de la feligresía de Amil un celoso y caritativo sacerdote, hombre dotado de extraordinarias virtudes, el Licdo. Antonio Manuel Verea y Aguiar, nacido en el pazo de la Buzaca e hijo de aquellos nobles señores. En 1756 sucedió en Amil como párroco a su tío don Felipe José de Verea y Aguiar, fallecido en la misma el indicado año.

Este celosísimo sacerdote fue el instrumento que Dios utilizó para encauzar el culto, organizar las solemnidades religiosas y levantar el primer Santuario en honor de la Santísima Virgen de los Milagros de Amil. Este se dio cuenta muy pronto, ante las muchas dádivas y la concurrencia de gente al lugar del suceso, del rumbo que había de tener a juzgar por los principios el Santuario; y así, advirtiendo, dice el Libro I del Santuario: «el abuso qe. podía hacer de aquella limosna como rústico el Sebastián hecho mano de su administración y tiempo andando por la yneptitud de aquel sitio, determinó y eligió pa. la fábrica de la Capilla el en donde hoy se halla, y se llama lugar de Chan»...

No era apropiado para un gran templo la quebrada tierra de Roza Vella. Como cabeza del mejor y más grandioso valle morañés, se halla el gran planalto o castro denominado «A Chan»; allí determinó el buen Rector levantar la primera ermita de los Milagros. En Galicia no se concibe uno de estos pequeños santuarios en las hondonadas y sin una cristalina fuente en sus inmediaciones; además aquí el Santuario tenía como motivo la fuente y el agua, por eso elegido el lugar apto para el Santuario sobre la cumbre del castro celta poblado de copudos robles y retamas, por esto se llama también «A Xesteira», lo primero que hizo el Rector fue trabajar antes... «Una fuente, que hoy se ve salir de. debajo de ella y sobre cuyo caño -formando una frontis de cantería- colocó aquella imagen que sobre el primero había puesto el referido Castro».

El hecho ocurrido en 1778 a Sebastián de Castro seguro que fue conocido por el prelado compostelano don Francisco Alejandro Bocanegra, que con la prudencia que ante tales acontecimientos caracteriza a la Iglesia, daría las normas perti-nentes al buen párroco en relación con el hecho sucedido en la feligresía, y a la actitud que ante él tomaban los fieles, una prudente espera antes de iniciar las obras de la ermita.

Hacia el año 1780 dieron principio las obras, previa la correspondiente aprobación del celosísimo prelado señor Bocanegra, el cronista de la génesis del Santuario don Pedro Velay nos dice que su antecesor señor Verea «formó la motibada capilla» y que se terminó de hacer su cuerpo principal cinco años después.

Esta obra, según se deduce de los libros del Santuario era de planta rectangular y pequeñas proporciones, de unos seis metros de largo por cuatro de ancho y así la reconocen los que aún la recuerdan; desde el año 1819 la coronaba esbelta espadaña, al modo de casi todas las ermitas de nuestra tierra fue construida en el mencionado año por el Rector don Pedro Velay, importándose la cantidad de 500 reales. La anterior había sido derribada en 1813 por un ciclón, juntamente con el crucero; el actual de tan modesta factura le sustituyó.

No obstante antes de hacerse el Santuario de hoy, al ver la pequeñez de la ermita que nos ocupa, incapaz para cobijar a la mínima parte de la masa de gente que a su alrededor se juntaba, se realizaron en la misma muchas obras y retoques para acondicionarla a las crecientes necesidades que la concurrencia de romeros, cada vez mayor, exigía y además porque las limosnas se multiplicaban; así, como más importante, a finales del siglo XVIII, en la pared del Sur se hizo un arco ciego a modo de pórtico teniendo en su interior una mesa de altar de piedra -la que hoy se halla a la puerta principal del templo actual- en la que se celebraba la santa Misa los días de las grandes romerías. Más este práctico altar, también muy común en nuestras ermitas, y arco eran causa de continuas humedades en los muros e interior de la capilla, y en 1821 fue tapiado por el Rector señor Velay.

Esta reforma, necesaria por otra parte, para la conservación del pequeño templo, restaba eficacia para la atención espiritual de los fieles; los disgustos que la incapacidad del mismo producía, cada año más agravada, determinadas costumbres, por ejemplo la de dormir los romeros en el interior de la ermita que los demás rectores habían tolerado, siguiendo así la costumbre de casi todos los santuarios de Galicia y que el señor Velay prohibió; las enormes multitudes de romeros que cada año allí llegaban, determinaron a este celosísimo Rector, a pesar de hallarse en los últimos años de su vida, a pensar en la construcción de un templo de más amplitud y esbeltez, que diese cobijo, sino a todos, a una parte muy notable de devotos que aquí concurrían y que el actual, ya desde su erección, resultaba notablemente incapaz. Esta empresa difícil pero necesaria no tuvo principio hasta el año de 1842.

Santuario actual
Los instrumentos principales de esta ambiciosa idea tocada por el amor a la Santísima Virgen, fueron en los años de su vida el mencionado rector don Pedro Velay, que, aconsejado y ayudado por el señor de la Buzaca don Lorenzo Várela y Sarmiento, en 1842 dio principio a las obras, según consta en el pórtico del Santuario. Más que las obras de la hermosísima fábrica, fueron los planos de la misma, encargados al excelente maestro de canteros Manuel García de Soar, vecino de San Lorenzo de Moraña, lugar de Soar, la preparación y adquisición de nuevos terrenos en las inmediaciones de la capilla existente, vías de acceso para el transporte de materiales, descubierta y preparación de canteras, etc.

Don Pedro Velay referente al actual santuario falleció en la misma feligresía el 31 de octubre de 1843. El sucesor de éste, don Blas Parga, fue el que casi había de dar cima al nuevo templo durante su rectoría.

Presentados los planos por el maestro García de Soar, a él le fueron adjudicadas las obras en 1845, por el mencionado señor Parga y el señor de la Buzaca, entusiasta benefactor del nuevo santuario. Las obras se habían de hacer por administración, saliendo la piedra en las inmediaciones de la obra. Su construcción fue lenta, casi toda ella llevada a cabo personalmente por el maestro. Durante medio siglo no dejaron de sonar en honor de la Santísima Virgen de Amil los cinceles, las escodas, los picos y los buriles, diestramente manejados por los canteros morañeses, haciendo del blanco y duro granito un original, esbelto y artístico monumento, que en nada desmerece de las magníficas iglesias, ni de los blasonados pazos y casonas aldeanas que enmarcan el bello paisaje de las milenarias tierras de Moraña.


Las obras
Las obras se fueron realizando personalmente por el maestro y algún otro ayudante, según las limosnas iban llegando. Así, en el Libro I. de Cuentas del Santuario nos constan, entre otros datos, los siguientes referentes a las obras:

En 1854 el Rector señor Parga ajustó al mencionado maestro señor García el remate de la sacristía en 2.800 reales. Por esta data suponemos que la obra se hallaba ya a la altura del piso de la sacristía y que en el mencionado proyecto original sería esta pieza de una sola planta, acordando luego dotarla de dos, rematando a la misma altura del templo.

A medida que las limosnas llegaban se pensaba en aumentar y mejorar la obra, especialmente esto último, así al año siguiente se le pagan... «tres mil cts. rrs. pr. el aumento de obra qe. se hizo este año en la capilla nueva pr. el maestro Manuel García de Soar» Al mismo tiempo que el maestro subía los lienzos de la capilla, otros canteros iban haciendo el muro de cierre del campo; así en 1858 se pagan 40 reales a dos canteros «pr. levantar el muro de la cancilla». La grandiosidad del nuevo templo exigía amplitud de terreno a su alrededor; este tal como hoy se encuentra, fue adquiriéndose lentamente según se presentaba la ocasión. En 1859 el Rector compró una parcela de terreno en 1.078 reales «pr. ensanche del otro muro hacia la parte del oriente, y sesenta y cuatro carretes de piedra tosca pa. formar el muro». La adquisición de este terreno era necesarísima ya que hoy resulta aquella parte del atrio un tanto estrecha.

Tenemos que consignar una sensibilísima pérdida para la obra, el fallecimiento del ilustre bienhechor y directamente encargado de ella don Lorenzo Várela y Sarmiento, ocurrido este año de 1859; pero sus cumplidores quisieron seguir ayudándola; así al año siguiente entregaron para la misma 2.000 reales y otros tantos en 1863. El año anterior se invirtieron de fondos del Santuario 1.151 reales, así vino sucediendo cada año hasta su remate.

En los años de 1868 y 69, la obra del templo propiamente dicho quedó terminada; referente al primero aparece la data de: «seiscientos reales de jornales pa. la obra nueva qe. se han dado al maestro encargado». Y por lo que al año siguiente se refiere consta: «Finalmente cuatrocientos sesenta reales importe de un balcón de hierro pa. la tribuna principal además un atril y cadena pa. la lámpara inclusa la conducción de Pontevedra». El maestro M. García Martínez falleció el 27 septiembre de 1860, a los 78 años de edad y ocho días y no a los 88 como dice la partida de defunción.

Esta es la última data que se menciona en el Libro I de la fábrica del Santuario, folio 96 vto. que firma el Rector don Blas Parga.

El actual templo de los Milagros; quedó terminado en este año de 1869 en su parte esencial; de todas formas las obras complementarias, como la techumbre, torre y otros adecentamientos y cierres del atrio, siguieron hasta el día de la inauguración, que se llevó a cabo el día de la fiesta, segundo domingo de septiembre del año 1892, según consta en el frontis de la fachada principal siendo Arzobispo el Dr. Martín de Herrera, que por su delegación hizo la bendición del mismo el Rector de la Parroquia D. José Benito Ferro. Desde entonces, hasta nuestros días, no han dejado de realizarse obras de embellecimiento tanto en el templo como en sus inmediaciones, rivalizando en ello todos los rectores, hasta conseguir el monumental conjunto que hoy podemos admirar.


Información sacada del Libro histórico: «El Santuario de Nuestra Señora de los Milagros de Amil» de D. Antonio Rodríguez Fraiz. 1962.